Con la aparición del DSM-III el Trastorno de Ansiedad Social, también llamado Fobia Social se definió como el temor excesivo a ser observado por parte de otras personas en una actuación pública, apareciendo síntomas similares a la angustia (p.ej., palpitaciones cardiacas, enrojecimiento, sudoración, temblor) produciendo un intenso malestar.
El término de Fobia Social es bastante reciente y hasta mil novecientos ochenta los pacientes con esta nosología formaban parte de un gran cajón de sastre mezclados con trastornos de ansiedad y trastornos fóbicos diversos.
Todos estos claros síntomas que aparecen al sentirse observados, causan que las personas con este trastorno se pongan aún más ansiosas, en la medida en que consideran que todos se dan cuenta de lo que les sucede. Debido al miedo que tienen a sentirse ridículos ante otras personas y a la aparición de los síntomas ya antes descritos, los pacientes evitan las situaciones sociales incómodas para solucionar el inconveniente. Estas conductas de evitación acaban aislando a los pacientes y también impidiéndoles realizar una vida social, laboral e inclusive familiar normal. A fin de que el diagnóstico de fobia social sea completo se demanda que el paciente reconozca que sus miedos son exagerados y también irracionales.
La fobia social puede tener múltiples situaciones sociales desencadenantes (fobia social generalizada) o bien situaciones sociales muy específicas (fobia social específica). El primer caso (fobia social generalizada) es considerado de mayor gravedad, los pacientes tienen más síntomas de ansiedad, depresión y conductas de evitación que los enfermos con fobia social específica. La fobia social generalizada se acostumbra a dar en personas tímidas, mientras que la específica aparece más en sujetos que han sufrido algún trauma emocional. La fobia social generalizada  tiene a menudo un alto carácter familiar, no siendo extraño que la sufra alguno de los padres o bien familiares próximos. Esta enfermedad afecta más o menos a un diez por ciento de la población, aparece a menudo en la adolescencia y afecta por igual a los dos sexos.
No debemos confundir en ningún caso, la fobia social con la timidez. Esta última se distingue de la fobia social en que es más leve, no afecta a todas y cada una de las relaciones de la persona, y la influencia sobre la vida del sujeto es menor o incluso intrascendente. Los sujetos tímidos pueden llevar una vida de normalidad, si bien pueden tener dificultades en la comunicación y en la relación que no llegan a interferir en su vida rutinaria. Por contra, los fóbicos sociales no pueden llevar una vida normal, tienen problemas para acabar sus estudios, en el trabajo corren serios riesgos de despido, les cuesta relacionarse con el sexo opuesto o con personas distintas a su entorno habitual etcétera. Su vida se ve formidablemente perjudicada.
Los pacientes con fobia social, pueden presentar frecuentemente otros síntomas como son la depresión mayor, el trastorno de angustia, la agorafobia y trastornos de la conducta alimenticia. La fobia social es un trastorno que mejora tanto con los tratamientos psicoterapéuticos como farmacológicos, pero creo que su desarrollo escapa a la extensión de este artículo y merece un análisis más detallado.

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En nuestra consulta de psicoterapia realizamos un tratamiento eficaz de la Fobia Social

Ahora describiremos el caso clínico de una mujer con fobia social, que desgraciadamente, pasó muchos años sin ser diagnosticada ni tratada.
María es una mujer madrileña de cuarenta y un años que ha sido atendida en su centro de salud. Posteriormente su médico la ha derivado al psicólogo. María es costurera en paro, soltera y vive con sus progenitores. El motivo por el cual consulta es el siguiente:
“Ante la gente extraña me pongo fatal y me entran muchos nervios. Desde pequeña me costaba relacionarme con otras niñas puesto que creía que se burlaban de mí. Jamás me sentí admitida. He rechazado ciertos trabajos por eludir relacionarme con otras personas. Me asusta la gente y que se den cuenta de lo que me ocurre…”.
La sintomatología actual de María es presentar síntomas de ansiedad cuando debe relacionarse con personas no pertenecientes a su campo familiar. Cuando esto sucede, tiene temblor de manos, suda copiosamente y su cara enrojece. Dado el malestar que siente procura eludir estas situaciones. Comprende que este temor es excesivo y le supone una esencial restricción en sus relaciones y vida laboral. Como consecuencia de todo esto, presenta además síntomas depresivos sobreañadidos.
María es la mayor de tres hermanas. Su relación familiar es aceptable, no tiene grandes problemas ni con sus padres ni con sus hermanas. Vive con sus progenitores a los que describe “mi padre es poco parlanchín, sale poco de casa y siempre y en todo momento he tenido una buena relación con él. Mi madre es buenísima conmigo, está muy pendiente de mí, mas creo que jamás deseó caer en la cuenta de mi problema”.
”Esta es la descripción que María hace de sí misma “soy bastante miedosa y desde siempre he sido muy tímida,  me cuesta mucho trabajo hacer amigas, y tanto en la escuela como en la calle tengo la sensación de que me miran y se ríen de mí, por ser fea y baja, en clase me bloqueaba y no podía decir ni media palabra, no soy capaz de mirar a los ojos de la gente. Cuando tenía veinticinco años salí con un chaval durante unos meses, y nos llevábamos bien, si bien creo que yo no le agradaba mucho y un día me dejó sin explicación ninguna. Después salí  con otro chaval, que asimismo me dejó, tras eso ya no he tenido pareja”
Estudió con malas notas hasta 8º de EGB, trabajó múltiples años como costurera en un taller que cerró hace unos años con la crisis y ahora está en el paro. Cuenta una situación, a los catorce años, dónde unos chicos del distrito se burlaron de ella y empezó a sentir palpitaciones, sudoración, temblores y sensación de que la faltaba el aire, lo que provocó todavía más risas en los chicos. Podríamos decir que en ese instante comenzó la auténtica fobia social.
Fue tratada en múltiples ocasiones “con pastillas para los nervios” cuyo nombre no recuerda con mejorías parciales y de poca duración. Hace unos meses una prima la persuadió a fin de que fuera nuevamente a su médico de cabecera, que la recomendó ir al psicólogo, donde ha comenzado últimamente tratamiento de psicoterapia, aparte de tratamiento farmacológico.
Es posible, que algunos lectores se sientan reflejados, por lo menos parcialmente en la historia de María y puedan creer que sufren una fobia social. En este enlace:
Test para la fobia social
pongo a disposición de los lectores una herramienta para que ellos mismos puedan evaluar su situación personal y en caso de duda, les aconsejo que consulten con un profesional. Hay muchos y excelentes psicólogos que podrán ayudarles

 

Autor: Nuestro Psicólogo en Madrid

 

Información sobre Gerardo Castaño Recuero

Gerardo Castaño Recuero trabaja como psicólogo y psicoterapeuta en "Nuestro Psicólogo en Madrid". Ha estudiado Psicología en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid y también ha cursado dos Máster, uno sobre Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica y otro sobre TFE: Terapia Focalizada en las Emociones.