Problemas de pareja.

Problemas de todo tipo.

Todos los matrimonios y parejas tienen sus altibajos. A veces los problemas de pareja se solucionan prácticamente solos, otras veces resuelven el problema hablando entre ellos. En otras ocasiones, por desgracia, precisan de una tercera persona que les ayude a salir del atolladero.

Muchos de los problemas que surgen en un matrimonio poseen el mismo origen: falta de comunicación entre los cónyuges. La causa de los problemas puede ser muy variada: uno de los dos pueden estar insatisfechos con sus relaciones sexuales, cabe la posibilidad de que los problemas procedan de la dificultad para educar a los hijos o también es posible que el matrimonio no sea lo que ellos esperaban y se sientan decepcionados.

En cualquier caso, gran parte del sentimiento de frustración que la pareja experimenta podría haber sido evitado si los dos hubieran afrontado el problema cuando este hizo su aparición. Pero lo más frecuente es que no se aborden los problemas iniciales. Ambos piensan que el tiempo los resolverá. El tiempo pasa, la pareja no habla del tema y el problema se hace cada vez mayor.

La falta de comunicación.

En algunas parejas prácticamente no existe comunicación incluso desde el comienzo de su relación. A otras les resulta cada vez más difícil comunicarse. Pueden llegar al punto de que no pueden siquiera hablar de lo que les preocupa. A muchas parejas jóvenes no les agrada mencionar el problema porque están tratando de hacer realidad un ideal romántico del matrimonio. Piensan que si se habla de un problema su idealización del matrimonio se hará añicos.

Los hechos de la vida cotidiana, la convivencia diaria, el ver al otro cansado y deprimido, pueden devolver violentamente a una pareja a la realidad. Puede que llegue a ser muy difícil hacer frente a la relación conyugal cotidiana.

Si desde el principio mismo de sus relaciones, los cónyuges no se hablan, a medida que el tiempo pase, resultará mucho más difícil romper el hielo. A menudo los cónyuges temen que si expresan su insatisfacción abiertamente, su matrimonio sufrirá un daño irreparable.

Sin embargo, sí se habla de los problemas, es cuando existen mayores posibilidades de cambio. El diálogo hace que se desarrollen fructíferamente sus relaciones de pareja. La resolución de un problema ayudará a ambos cónyuges a comprender nuevas facetas acerca del otro. Puede incluso proporcionar una base más sólida para sus relaciones.

A veces a una pareja le resulta imposible romper el hielo por sí misma. Necesitan en estos casos la ayuda de una tercera persona. Un psicólogo o un consejero matrimonial les puede ayudar a examinar su problema.

Problemas matrimoniales

Buscando ayuda para los problemas de pareja

Los amigos.

Ante los problemas de pareja, muchas recurren a su médico, a un sacerdote o a un amigo de confianza. A veces todo lo que precisan, es una tercera persona para decirle lo que le pasa.

En muchas ocasiones, tras haberse desahogado, descubren que es más fácil estudiar el problema con su cónyuge. Otras veces, una pareja necesitará una ayuda más especializada. En estos casos su médico podrá ponerles en contacto con el correspondiente especialista: un psicólogo, un consejero matrimonial o un sexólogo.

Sólo la pareja conoce el estado actual de su matrimonio: excelente, bastante bueno, no muy bueno o un auténtico infierno. Sin embargo, la intervención de una persona ajena puede arrojar frecuentemente nueva luz sobre un problema cronificado.

Un psicólogo puede contribuir a arreglar un matrimonio, infundiendo en la pareja un nuevo entusiasmo por el desarrollo y la continuidad de sus relaciones. En este caso, la actuación del psicólogo contribuirá a lograr que la pareja comprenda lo que ha ido mal y por qué, de forma que disminuyan los factores que les alejan al uno del otro.

A veces en un matrimonio o en una pareja, si uno de los cónyuges tiene el valor de empezar a examinar un problema existente, el otro, intenta por todos los medios posibles no escucharle. La frustración de no ser escuchado puede llegar a ser tan intolerable que la única manera de resolver la situación es llamar a un psicólogo que actúe casi como “un intérprete” de la pareja.

La misión de un psicólogo o de un consejero no consiste en ayudar a la pareja a recomponer el matrimonio a cualquier precio. El especialista ayudará a la pareja a examinar honradamente su relación actual y a decidir qué es lo que ambos quieren.

Problemas de pareja difíciles de resolver

A veces son ambos cónyuges los que recurren al psicólogo. Otras sólo acude uno de ellos. Los psicólogos no suelen insistir en que ambos vayan a las sesiones de terapia. Es muy importante comparecer allí tranquilo y relajado. Si un cónyuge se siente incómodo en presencia del otro o simplemente no quiere que se sepa que ha buscado ayuda especializada, es mejor que vaya solo, al menos al principio. En una etapa posterior, puede que el psicólogo sugiera que venga también el otro cónyuge.

Visitar a un psicólogo por iniciativa propia, puede ayudar a muchas personas a hablar más abiertamente con su pareja al regresar a casa. Cualquier cambio de uno de los cónyuges afectará a las relaciones entre los dos. Esto puede devolver un cierto equilibrio al matrimonio o a la pareja. En otras ocasiones, se evidenciará que la separación es la mejor solución posible.

Muchos creen que el arreglárselas solo es indicio de valor. En consecuencia piensan, que solicitar la ayuda de un psicólogo denota debilidad. A menudo, la verdad es todo lo contrario. Se necesita mucho valor para admitir que se necesita la ayuda de un especialista.

Un psicólogo o un terapeuta, recomendará a ambos cónyuges que hablen entre sí, sobre todo de lo que desean conservar o eliminar de sus relaciones. Hablar de los problemas de pareja no los resuelve enteramente. Es vital que cada cónyuge escuche lo que el otro tiene que decir. Recordemos que no es lo mismo oír que escuchar. La queja más corrientemente formulada por un cónyuge es: “él (o ella) no me escucha nunca”.

Alguna personas que acuden a un psicólogo no tienen realmente ningún deseo de resolver sus problemas de pareja. En ocasiones, un cónyuge culpa de todo al otro y es incapaz de advertir sus propios errores. En otros casos, la pareja acude a un psicólogo porque alguien en quien confían se lo ha sugerido. Puede tratarse de un médico, de un sacerdote o de un abogado. En realidad no quieren ir, pero acuden porque se consideran obligados a dar ese paso. En tales circunstancias la ayuda jamás alcanzará resultados positivos.

Terapia de pareja

Algunos problemas de pareja frecuentes.

Pérdida de libertad.

Muchos matrimonios se ven sometidos a duras pruebas desde el principio de la relación. A uno o a los dos cónyuges les puede resultar difícil tener siempre en cuenta los sentimientos del otro. Muchas personas consideran que al casarse pierden su libertad personal. Puede resultar duro saber que la tarde del domingo no está ya reservada exclusivamente para el fútbol o para la diversión.

Silenciar pequeños problemas.

A veces uno o los dos cónyuges piensan que no se toman en consideración sus necesidades o se ven frustrados en sus relaciones y se sienten incapaces de buscar una solución. Por mínimo que sea un problema, si no se aborda, éste puede ser el inicio de toda una lista de quejas que irá creciendo día tras día.

Si no intercambian opiniones, ninguno de los cónyuges sabe lo que el otro desea o siente y cada uno de ellos puede desarrollar un sentimiento de fracaso. La reacción natural ante este estado de cosas es la irritación, la ansiedad o la angustia, la depresión o el completo silencio.

Imitando a los padres.

Muchas parejas han vivido juntas y felices durante años y después se han casado. Algunas descubren que con el matrimonio todo empieza a cambiar a peor.

A veces los cónyuges no saben lo que quieren del matrimonio e inconscientemente lo modelan conforme y tratan de hacerlo lo más parecido posible al de sus padres, ya que al fin y al cabo, es el que mejor conocen.

De ahí pueden surgir serios conflictos de pareja, especialmente cuando los matrimonios de los padres de ambos cónyuges son bastante diferentes.

También pueden surjir problemas adicionales cuando la familia política de uno de los dos, trata de imponer su propio estilo de matrimonio. Se necesita unidad de criterio y comprensión de los problemas para que ambos cónyuges creen un estilo propio y construyan el matrimonio a su manera.

Desencanto sexual.

El descubrimiento del sexo constituye una maravillosa experiencia para la mayoría de las parejas. Para otras sin embargo, puede ser un duro golpe, especialmente cuando ambos poseen escasa experiencia sexual.

Cada vez las parejas inician las relaciones sexuales a una edad más temprana, pero no es excepcional, que algunas parejas pospongan ese momento para después de estar casados.

Es posible, que sea difícil para los jóvenes hablar de su ignorancia sexual. Pueden surgir decepciones al experimentar algo que no es tan maravilloso como suponían. Si el sexo no resulta tan maravilloso puede ser difícil decírselo al cónyuge, especialmente cuando la relación es reciente y existe el temor de “romper el encanto” inicial.

En un primer momento una pareja será feliz y los problemas sexuales no repercutirán demasiado en sus vidas, pero más tarde o más temprano (a través de amigos, internet, revistas o películas) comprenderán lo que se están perdiendo. Si en este momento no son capaces de abordar el problema puede iniciarse una prolongada insatisfacción sexual.

Problemas sexuales en la pareja

Los hijos, un momento difícil.

Uno de los momentos más difíciles en un matrimonio es el que aparece con la llegada del primer hijo. Pasar de ser dos a ser tres, puede resultar difícil para alguno de los miembros de la pareja, que puede sentirse celoso o despreciado.

La pareja debe aprender a compartir el niño entre los dos. Será tal vez difícil, porque no siempre hay tiempo para sentarse a charlar, cuando hay un bebé acaparador y exigente en la casa.

En ocasiones, el padre se sentirá excluido de la “relación especial” que una madre mantiene con su hijo. La madre puede sentirse atada y aislada porque se queda en casa con un niño que exige su atención a cada momento, mientras el padre se va a trabajar y parece disfrutar de una sana vida social, igual a la que tenía antes del nacimiento del bebé.

Puede resultar también muy difícil adaptarse a la independencia de los hijos. En algunas parejas de mediana edad, el matrimonio empieza fallar cuando los hijos abandonan el hogar. La pareja considera concluida su misión paternal y cada uno de los dos se enfrenta con el hecho de la desaparición de una de sus tareas principales. Esto puede repercutir negativamente en sus relaciones.

Algunos matrimonios que acuden a los psicólogos y tienen hijos van precisamente porque consideran que deben mejorar su relación en beneficio de su descendencia. En realidad, los hijos cuyos padres no se entienden, se hayan frecuentemente más privados de amor y de seguridad, que quienes viven sólo con el padre o con la madre.

El ocultar la infelicidad no sirve de nada bueno. El mal ambiente de un hogar desgraciado es suficiente para afectar al niño, en ocasiones de forma significativa y permanente.

Problemas frecuentes en las parejas

Un cambio en el estilo de vida.

Un pequeño cambio en la vida de una pareja, como mudarse de domicilio o conseguir otro empleo puede crear un sentimiento temporal de inseguridad y afectar desfavorablemente a un matrimonio.

Estos problemas sacan a veces a la superficie las fisuras de las relaciones conyugales que no son capaces de soportar la ansiedad aportada por el cambio. Estas pequeñas crisis pueden ser un buen termómetro para que la pareja reconsidere sus relaciones.

La pérdida de empleo.

El paro o la jubilación pueden suscitar problemas conyugales. Muchas personas se considerarán privadas de categoría, seguridad y valía cuando pierden su puesto de trabajo. De repente, dejan de considerarse como personas útiles y esto se refleja en su actitud hacia su pareja. Una mujer que deja su trabajo para tener un niño puede experimentar sentimientos parecidos y probablemente repercutirá en su cónyuge.

Muerte de un familiar.

La muerte de un miembro de la familia puede afectar también a un matrimonio. Uno o ambos cónyuges necesitarán quizá mucho tiempo para aceptar la desaparición de un ser querido.

A veces los sentimientos de depresión son mutuamente compartidos de una forma que consuela a ambos. En otras ocasiones, la pérdida puede resultar tan dolorosa que no sean capaces de referirse al tema y acaben volviendo la espalda a su cónyuge, encerrándose en su dolor.

La muerte de un familiar: Problema conyugal

La solución del problema.

Cualquiera de estas dificultades puede ser superada por la pareja. A veces, los cónyuges resolverán los problemas juntos, realizando los ajustes necesarios en su relación.

En otras ocasiones, precisan de una ayuda exterior y para ello resultan importantes los psicólogos o los consejeros matrimoniales. Nadie debe tener miedo por acudir a ver a un psicólogo, sea cual sea el problema que afecta a su relación.

La tarea del psicólogo consiste básicamente en escuchar lo que un cónyuge o los dos tienen que decir. El psicólogo ayuda a la pareja a expresar sus sentimientos y pensamientos hacia el otro.

Su objetivo consiste en hacer posible que los dos entiendan cómo han llegado a ese estado y decidan hacia donde desean dirigirse. El psicólogo no impone nunca una decisión, sólo puede ayudar a los cónyuges a resolver el problema por sí mismos. Ellos son los que deben decidir su futuro: rehacer su relación o afrontar una separación de la forma menos traumática que sea posible,

Información sobre Gerardo Castaño Recuero

Gerardo Castaño Recuero trabaja como psicólogo y psicoterapeuta en "Nuestro Psicólogo en Madrid". Ha estudiado Psicología en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid y también ha cursado dos Máster, uno sobre Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica y otro sobre TFE: Terapia Focalizada en las Emociones.