“La familia tiene un papel primordial en la socialización de los hijos y en su desarrollo psicológico.”

La importancia de la familia.-

No creo que nadie pueda dudar de la importancia que tiene la familia. Si las relaciones familiares son buenas los hijos serán los mayores beneficiarios. Si la familia es un caos, los hijos pagarán en carne propia ese desorden. La familia es un sistema de apoyo entre los miembros y juega un papel esencial en el desarrollo emocional y psicológico de los hijos. A través de la familia se transmite el conocimiento, los roles, los valores, las actitudes y los hábitos de una a otra generación.

Padres e  hijos: Los pilares de la familia.-

No creo que nadie pueda dudar de la importancia que tiene la familia. Si las relaciones familiares son buenas los hijos serán los mayores benefciarios. Si la familia es un caos, los hijos pagarán en carne propia ese desorden. La familia es un sistema de apoyo entre los miembros y juega un papel esencial en el desarrollo emocional y psicológico de los hijos. A través de la familia se transmite el conocimiento, los roles, los valores, las actitudes y los hábitos de una a otra generación.

La importancia de la familia radica en los siguientes puntos:

1.- Cubre necesidades básicas: alimentación, vivienda, cuidados y afectos.

2.- Proporciona el sentimiento de formar parte de un grupo concreto.

3.- Ayuda a desarrollar la personalidad y la socialización de sus miembros.

4.- Facilita la libre expresión de los sentimientos.

5.- Proporciona un esquema de valores y códigos éticos de conducta.

6.- Ayuda a resolver los problemas comunes.

7.- Favorece la comunicación y el conocimiento mutuo entre adultos y niños.

Normas para mejorar la comunicación en la familia.-

Conseguir desde el principio una buena comunicación ayuda a mejorar el conocimiento y la comprensión entre padres e hijos, evitando así, la aparición de posibles problemas, que dificulten la vida familiar. Para conseguir este importante objetivo es preciso tener claras algunas ideas sobre los hijos:

1.- Hay que estar abiertos al diálogo en todo momento.

2.- Se deben escuchar atentamente sus preocupaciones y problemas, aunque nos parezca que carecen de importancia.

3.- Hay que mostrar interés por las actividades que realizan.

4.- Debemos responder a su curiosidad y a sus preguntas contestando de forma sincera, evitando engañarles para salir del paso.

5.- Tenemos que evitar ponernos ante ellos como modelos de comportamiento (“yo con tus años ya hacía esto”) e intentar comprender sus necesidades.

6.- Debemos reconocer que nos podemos equivocar, y por lo tanto, pedir perdón cuando sea necesario.

7.- Hay que ser razonable y hacer propuestas constructivas, en lugar de discutir.

8.- Tenemos que respetar y alentar su independencia y su autonomía.

9.- Es importante evitar comparaciones continuas con los hermanos o los amigos.

10.- Hay que evitar los mensajes confusos (“¡Eres tonto de remate, te he dicho cien veces que no juegues con el balón en el salón!”).

11.- Debemos evitar a toda costa las generalizaciones (“Siempre haces todo al revés”, “Nunca me haces caso”).

12.- Debemos valorar las diferencias individuales entre nuestros hijos y responder según las necesidades que precisen en cada momento.

13.- Compartir nuestro tiempo libre con ellos, realizando actividades comunes será algo que valorarán enormemente.

14.- Hay que dedicar un tiempo exclusivo para estar con cada uno de ellos.

Normas claras y coherentes para ayudar a los hijos.-

Unas normas claras y coherentes dan seguridad a nuestros hijos, ya que las necesitan, las esperan y las desean. Cuando hay ausencia de normas o éstas son arbitrarias o absurdas, el niño lo sentirá  mostrándose nervioso e inseguro.

Los padres debemos estar completamente de acuerdo con las normas que establecemos para nuestros hijos. En caso contrario, es importante que los hijos no se percaten de esas diferencias de criterio. Más tarde habrá que intentar ponernos de acuerdo.

Las normas que proponemos a nuestros hijos deben ser razonadas, no solo “porque aquí mando yo” o “porque yo lo digo y no se habla más”.

Si explicamos las normas a nuestros hijos, ellos las entenderán y podrán asumirlas como propias, siendo así, de más facil cumplimiento.

Las normas no pueden ser rígidas ni inamovibles. Hay que hacerlas suficientemente flexibles para que se pueden cambiar, cuando haya razones de peso que lo justifiquen.

Si las normas son coherentes y estables, logramos que sean conocidas y puedan ser previstas por toda la familia. Así evitaremos discusiones inútiles.

Si a pesar de razonar con nuestros hijos no podemos llegar a un acuerdo sobre una norma, tenemos la responsabilidad de procurar que se cumpla, siempre que lo  consideremos justo.

El día a día nos pondrá a prueba.-

Las situaciones de rebeldía y las discusiones ocurren en todas las familias y la nuestra no va a ser un excepción. Nuestro hijo necesita desafiarnos y oponerse a nosotros como una forma de reclamar su autonomía y necesidad de independencia, sobre todo cuando está en la adolescencia.

Es importante que le enseñemos a nuestros hijos a conocer tanto sus derechos como sus obligaciones.

Debemos ganarnos el respeto de nuestros hijos siendo su primer modelo. Es muy impotante dirigirnos a ellos con afecto y educación, pero sin dejar de ser firmes en nuestra actitud. Dar las “gracias” o pedir algo “por favor” nunca estará de más.

Tenemos que saber que habrá días malos tanto para nosotros como para ellos, pero que esos días pasarán. Si hemos sido injustos en esos días, podemos pedir perdón sin que se nos caigan los anillos, pues así ellos aprenderán a hacer lo mismo.

No podemos esperar de nuestros hijos un comportamiento perfecto. Por eso es importante valorar sus esfuerzos y sus pequeños logros  (“Nos estamos dando cuenta dado cuenta de lo mucho que te estás esforzando”). Esto les motivará para tratar de seguir mejorando.

Debemos evitar el uso de palabras que lesionen la autoestima de nuestros hijos (“Eres un incapaz, no sirves para nada”).

Debemos ayudar a nuestros hijos a entender y expresar ciertos sentimientos, pero siempre estableciendo los límites (“Sé que estás enfadado y rabioso, pero nos lo puedes decir sin insultar a nadie”).

Es bueno que les enseñemos a convertir sus quejas en peticiones adecuadas (“Me gustaría que si vas  a coger mis cosas, primero me pidas permiso”).

Es muy importante que ambos padres estemos de acuerdo en las normas, que deben ser razonadas y nunca aplicadas de forma caprichosa.

Es mucho mejor, usar con más frecuencia los estímulos y los premios que las amenazas y los castigos.

Debemos ser realistas y prometer sólo aquéllo que estemos seguros de poder cumplir.

No tenemos que usar siempre los mismos castigos ni hacerlo con excesiva con demasiada frecuencia, pues entonces dejarán de ser eficaces.

Cuando nuestros hijos adoptan una actitud de provocación, que sólo busca llamar nuestra atención, es mejor llevarlos a su habitación para ayudar a que la agresividad que se está generando tanto en ellos como en nosotros disminuya. Más tarde, cuando haya pasado esa situación, podremos hacer un intento para llegar a algún acuerdo.

No debemos usar los castigos físicos. La disciplina que se obtiene a base de  golpes consigue el efecto contrario, provoca rechazo y futuras conductas agresivas en el niño.

Es fundamental que cumplamos todas las promesas que les hemos hecho. Si en alguna ocasión no lo podemos hacer, debemos explicar a nuestros hijos el motivo del incumplimiento, para evitar que se genere en ellos desconfianza.

Cuando sea posible, es importante que nuestros hijos aprendan de las consecuencias que conlleva su propia conducta. Si no han hecho los deberes, debemos dejar que se enfrenten al enfado de su profesor.

Es importante saber que de los desacuerdos que aparecen en las relaciones humanas, podemos obtener resultados positivos si los usamos para comprender mejor a nuestros hijos y a partir de ese entendimiento establecer ciertas normas de convivencia.

Es importante y necesario tener una fluida comunicación con nuestros hijos, tanto para las cosas importantes como para las más triviales. Si nuestros hijos se sienten escuchados con atención desde pequeños:

  • Nos plantearán los problemas que tenga en ese momento.
  • Nos confiaran sus dudas y miedos, porque sabrán de antemano, que puede contar con nosotros y que serán escuchados y comprendidos.

Información sobre Gerardo Castaño Recuero

Gerardo Castaño Recuero trabaja como psicólogo y psicoterapeuta en "Nuestro Psicólogo en Madrid". Ha estudiado Psicología en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid y también ha cursado dos Máster, uno sobre Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica y otro sobre TFE: Terapia Focalizada en las Emociones.