Un zombie en la sala de espera.

El joven médico residente de psiquiatría se quedó estupefacto al oír lo que le contaba el último paciente. Llevaba una guardia agotadora y estaba deseando llegar a casa, darse una ducha y descansar. Acababan de traer al University Medical Center a un paciente detenido por agredir a varias personas.

El detenido se llamaba Mr H. y era un paciente esquizofrénico paranoide con un largo historial de abuso de sustancias psicoactivas. Una agresión poco tiene de particular, pero lo más interesante fue la explicación que dio al joven médico que le realizaba la anamnesis.

Mr H. confesó que él era un zombie, un “muerto viviente” que había muerto ahogado, doce meses atrás en un pantano cercano. Estando bajo el agua, fue reanimado por otros “zombies” que usaron teléfonos móviles para devolverle la vida. Según él decía, toda la humanidad había ya perecido y todos habían pasado por una experiencia semejante a la suya y por lo tanto todos eran “zombies”. Esa había sido la causa de la agresión, pues Mr. H se consideraba un hombre pacífico incapaz de pegar a un ser vivo, pero no a un “muerto viviente” al que poco le podía importar que le pegaran. Tras ser ingresado en el hospital Mr. H. fue diagnosticado de síndrome de Cotard.

En Agosto del año 2012 los doctores Agorastos Agorastos y Christiam G. Hubber del departamento de Psiquiatría y Psicología de la Universidad de Hamburgo en Alemania publicaron el caso clínico de Mr. H. en una carta que fue dirigida a la revista Journal of Neuropsychiatry and Clinical Neuroscience.

Muertos en vida

¿Existen los muertos vivientes?

La inmensa mayoría de las personas están convencidas firmemente de que los muertos vivientes no existen. Pueden aceptarlo mientras ven en la televisión sus series favoritas como “Walking Dead” pero en el fondo saben perfectamente que los “zombis” o “los muertos vivientes” son un producto de ficción novelístico, cinematográfico o televisivo.

Junto a esta mayoría existe un pequeño grupo de personas, algunos los llamarían “frikis”, que están convencidos de la existencia de los “zombies”, es decir creen que en determinadas condiciones un ser humano fallecido puede volver a revivir en forma de muerto viviente.

Finalmente podríamos admitir la existencia de un tercer grupo de personas, muy reducido por cierto, que no solamente cree en los “zombies” sino que están convencidos de que ellos mismos son “muertos vivientes”. Ciertamente, se trata de una pequeñísima minoría de personas, que aceptan que murieron y ahora vagan por una vida de ultratumba que nunca tendrá fin.

Las ideas de este último grupo de sujetos no son homogéneas, pues algunos creen que sus cuerpos han muerto, otros que su cuerpo está putrefacto y en estado de descomposición, otros piensan que lo que ha muerto es su alma o su espíritu. Todas estas personas tienen algo en común: están enfermas y padecen un raro síndrome que fue descrito a finales del siglo XIX por el neurólogo francés Jean Cotard.

El conde Drácula

Los “muertos vivientes” en la ficción.

El cine, la televisión y la narrativa están plagados de seres extraños que tienen en común el ser “muertos en vida”. Así podemos encontrar seres tan variados como liches, momias, sombras, vampiros y zombis. Cada grupo tiene sus peculiaridades y sus clasificaciones y solamente con cada uno de estos tipos se podría escribir un artículo completo. En la literatura están proliferando últimamente los libros sombre zombis:

– Trilogía Zombie de David Wellington.
– Trilogía “Diario de una invasión zombie” de J.L. Bourne.
– Trilogía “Apocalipsis Z” de Manel Loureiro.
– Zombi: Guía de supervivencia de Max Brooks.
– Trilogía: Los caminantes de Carlos Sisí.
– Guerra Mundial Z de Max Brooks.
– La serie de libros: “The Walking Dead” de Robert Kirkman.

En televisión y cine son incontables las películas sobre muertos vivientes, vampiros, momias y otros especímenes. Mención especial merecen los primeros personajes de Drácula, encarnados por actores célebres como Peter Cushing o Cristopher Lee. En la actualidad han sido sustituidos por los pálidos y ojerosos protagonistas de la serie Crepúsculo.

The Walking Dead

Mademoiselle X.

En 1880 el neurólogo francés Jules Cotard, presentó en la Sociedad Médico Psicológica de París el caso clínico de una de sus pacientes, a la que llamó Mademoiselle X. Esta mujer tenía 43 años de edad y estaba firmemente convencida de que su cuerpo solamente tenía piel y huesos. Ella afirmaba que estaba hueca por dentro, no tenía cerebro ni nervios ni vísceras en el tórax.

La paciente afirmaba que era eterna y que viviría para siempre, no creía en la existencia de Dios ni del Diablo, a pesar de lo cual estaba convencida de estar condenada eternamente, al no poder conseguir nunca una muerte natural. Jules Cotard puso al cuadro el nombre de “delirio de negación”.

Ya antes de que Cotard describiera este cuadro, en 1788 otro médico francés describió el caso de una anciana que creía estar muerta y rogaba a sus familiares que la introdujeran vestida con sus mejores galas en un ataúd.

Once años más tarde de la presentación en la sociedad parisina de Mademoiselle X, Jules Cotard amplía la descripción del cuadro en su libro “Las enfermedades cerebrales y mentales”. En 1983 empieza a utilizarse la denominación de síndrome de Cotard para referirse a este inusual cuadro.

El síndrome de Cotard.

Desde 1880 hasta la actualidad no se ha avanzado demasiado en el conocimiento, origen y etiopatogenia del síndrome de Cotard. Esto puede deberse tanto a la rareza de la enfermedad como a la diversidad de síntomas que refieren estos enfermos.

Podríamos agrupar a los enfermos del síndrome de Cotard en dos grandes grupos según la naturaleza del delirio que presentan.

El primer grupo se referiría a aquellos pacientes que sostienen que han muerto, que su cuerpo esta putrefacto, que les faltan vísceras, es decir aquellos cuyo delirio versa sobre su cuerpo.

El segundo grupo sería el de los que se quejan de que han perdido su alma, están condenados eternamente y otro tipo de quejas de orden espiritual.

Jules Cotard

Frecuencia y presentación.

Como ya hemos dicho anteriormente el síndrome de Cotard es una enfermedad bastante rara, de la que apenas hay unos cientos de casos descritos en el siglo pasado. Suele afectar tanto a hombres como mujeres, suele aparecer a partir de la edad madura, siendo muy rara su aparición en la adolescencia.

Suele ir vinculado a depresiones severas y esquizofrenia. El síntoma fundamental del cuadro es el delirio de negación. Ahora bien la forma en que este delirio de negación se manifiesta puede tener una enorme variabilidad y así podemos encontrar casos leves, en los que el paciente refiere pérdida de cualidades afectivas o intelectuales.

A su lado pueden aparecer casos muy severos donde el paciente niega la existencia de su cuerpo, del mundo exterior y de todo el universo. Aproximadamente ocho de cada diez pacientes presenta cuadros depresivos severos. Uno de cada diez suele padecer alguna forma de esquizofrenia y el resto puede tener delirios de etiología diversa: neurosífilis, intoxicaciones etílicas, abuso de drogas o encefalitis diversas.

Pruebas y diagnóstico.

Al diagnóstico de síndrome de Cotard se suele llegar por exclusión. La analítica de sangre no aporta nada, aunque puede descartar muchas encefalitis infecciosas o de origen inmunológico.

Las modernas técnicas de imagen como el TAC, RMN o PET sirven para descartar patologías orgánicas subyacentes, lo que hace que el clínico, finalmente, pueda aplicar el diagnóstico ante la presencia de un delirio de negación en enfermos con cuadros depresivos, delirantes o esquizofrénicos.

El síndrome de Cotard

Un caso en Colombia.

El caso de Laura.

El psiquiatra colombiano Eduardo Castrillón Muñoz y el médico residente de psiquiatría publicaron en el año 2009 en la Revista Colombiana de Psiquiatría un cuadro clínico de una paciente con Síndrome de Cotard a la que llamaremos Laura.

Laura tiene 48 años. A los 24 años se quedó viuda. Dos años más tarde viajó a los Estados Unidos donde estuvo viviendo veintiún años. En el tiempo que vivió en USA presentó varios episodios depresivos que fueron tratados con fármacos antidepresivos del tipo ISRS (Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina), así como ansiolíticos como el Trankimazin.

En el año 2006 es despedida de su trabajo y pierde las pocas posesiones materiales que tenía en USA, motivo que la lleva a volver a Colombia. Llega Buenaventura su ciudad natal con un cuadro depresivo caracterizado por tristeza, anhedonia (“no siento nada”, “estoy vacía”), ansiedad e ideas de culpa y ruina. Apenas come nada.

Muerta en vida.

Hace un intento de suicidio cortándose las venas y en 2007 es tratada con antidepresivos. Ante la falta de mejoría se fue a vivir a Medellín con una hermana. En la ciudad de Medellín Laura presenta las primeras ideaciones delirantes que nos pueden hacer pensar en un síndrome de Cotard. Refiere que expulsó humo por la boca y que al mirarse en el espejo sus ojos estaban muertos e inexpresivos. Ella asocia el humo con el alma que abandona su cuerpo y piensa que todo es un castigo divino por haber deseado la muerte.

Se considera “una muerta en vida, un zombie para toda la eternidad”. Tenía alucinaciones olfativas “huelo a putrefacto” y sensoriales “noto los gusanos moverse bajo mi piel que pronto atravesarán para salir fuera de mi cuerpo”. Laura se negó a comer y perdió mucho peso. Acudió a varias iglesias donde le realizaron ritos de sanación y exorcismo sin resultado alguno.

La paciente fue ingresada en Cali por su deteriorado aspecto con el diagnóstico inicial de esquizofrenia. Se inició un tratamiento con antipsicóticos y antidepresivos. Tras un mes de tratamiento mejoró el estado físico pero no los delirios. Laura aseguraba que no tenía órganos, que su caso era único en la tierra y que ningún médico podría curarla.

En el 2008 y ante la falta de mejoría se inició tratamiento con TEC (Terapia electro convulsiva). Recibió seis sesiones que no dieron resultados. Posteriormente se logra una remisión progresiva de los síntomas delirantes tras recibir tratamiento con ácido valproico (Depakine). Ante la mejoría fue dada de alta tras más de un mes sin presentar alucinaciones.

Síndrome de Cotard en Colombia

El síndrome de Cotard en España.

La periodista Regina Navarro publicó en el periódico “El Mundo” las confesiones de la hija de una paciente con Síndrome de Cotard que prefería no ser conocida. Estas son alguna de las afirmaciones de la enferma que nos cuenta su hija:

“No puedo andar porque la mitad de mi cuerpo se ha quedado en la cama”.
“No puedo comer porque mi estómago ha desaparecido”.
“Estoy muerta. Todos estamos muertos”.

El psiquiatra español Manuel Sánchez Pérez trató a esta paciente con Síndrome de Cotard, cuyas manifestaciones nos contaba su hija.

La enfermedad cursó por brotes. En el primero la enferma decía que estaba totalmente desorientada y que no sabía hacer nada.

El segundo brote fue en Mayo de 2016 y en él aparecieron ya ideas delirantes. La paciente decía estar muerta, tanto ella como todos los que la rodeaban.

Uno de los principales peligros que pueden aparecer en las fases delirantes es el de la agresividad. Esta puede ir dirigida hacia uno mismo o hacia los que le rodean. Al pensar que están muertos, creen que nada malo puede ya pasarles. Esta creencia puede llevarles a automutilarse o atentar contra su vida o la de los que les rodean.

Para el doctor Sánchez Pérez la terapia electroconvulsiva (TEC) es el tratamiento de elección en los pacientes con síndrome de Cotard. Al menos un ochenta por ciento de los pacientes responden de forma satisfactoria a la TEC.

Referencias:
El síndrome de Cotard – Wikipedia
Caso clínico del síndrome de Cotard – Revista Colombiana de Psiquiatría.
Síndrome de Cotard – El Mundo
Aggression in Cotard’s Syndrome – Neuro.psychiatryonline.org

Información sobre Gerardo Castaño Recuero

Gerardo Castaño Recuero trabaja como psicólogo y psicoterapeuta en "Nuestro Psicólogo en Madrid". Ha estudiado Psicología en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid y también ha cursado dos Máster, uno sobre Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica y otro sobre TFE: Terapia Focalizada en las Emociones.