La depresión en la infancia: Un problema muy frecuente.

La depresión en la infancia es un trastorno mucho más frecuente de lo que podemos suponer.

Desde el punto de vista adulto, se tiende a considerar la infancia y la adolescencia como las etapas más satisfactorias de la vida, carentes de las preocupaciones y problemas que surgen cuando maduramos. Desde este punto de vista, sería impensable considerar la depresión en niños y en adolescentes. Sin embargo, la realidad presenta una visión diferente.

La depresión en la infancia y la adolescencia es un trastorno que con frecuencia pasa desapercibido por los padres. Esto hace que no busquen ayuda médica o psicológica.

Aproximadamente, entre el cuatro y el cinco por ciento de los adolescentes españoles presentará algún episodio depresivo.

Los menores pueden mostrar sentimientos de infelicidad, insatisfacción o irritabilidad. Aunque la mayoría de ellos se recuperan rápidamente, hay otros, en cambio, en los que estos sentimientos persisten y empiezan a interferir en aspectos de su vida diaria.

Es en estos casos donde los padres, educadores y personas relacionados con el menor desempeñan un papel fundamental.

La depresión infantil es un trastorno frecuente

¿Qué es la depresión?

La depresión es un trastorno del estado de ánimo y de los sentimientos, que en niños y adolescentes, se puede presentar de forma diferente a como lo hace en los adultos.

Es más frecuente en las niñas y sobre todo en la adolescencia, donde los jóvenes están sometidos a cambios continuos y la presión es tan fuerte que les puede llevar a variaciones bruscas en su estado de ánimo, o a sentirse irritables, sensibles y vulnerables.

Cómo reconocer la depresión en vuestro hijo.

Siente tristeza o llora con frecuencia.

Pierde interés por actividades que antes le gustaba.

Tiende a aislarse.

Siente cansancio y pérdida de energía.

Pierde el apetito y tiene dificultades para dormir o, por el contrario, comer o duerme en exceso.

Tiene un bajo concepto de sí mismo.

Pierde concentración, tiene dificultad para estudiar y sus notas suelen bajar.

Padece dolores con frecuencia.

Vislumbra negativamente su futuro.

No juega.

Puede expresar o sentir deseos de morir como forma de acabar con lo que le preocupa.

Niño triste y llorando

Características de la depresión en la infancia según la edad.

La manifestación de síntomas que pueden hacer pensar en una depresión en la infancia varía en relación con la edad y el desarrollo del niño.

Menores de 24 meses.

Suelen presentar con más frecuencia alteraciones en los patrones del sueño y la alimentación. Tienen falta de curiosidad, apatía o agitación.

De 2 a 5 años.

Pueden presentar, además de los síntomas anteriores, pérdida de interés por sus compañeros o amigos, conductas para llamar la atención y quejas físicas.

De 6 a 12 años.

Destacan los problemas escolares, las continuas quejas físicas, la tristeza persistente, baja autoestima, culpabilidad y hostilidad hacia sí mismos o hacia los demás.

Adolescencia.

Lo más destacable en esta etapa es que cuando están deprimidos, son más propensos a exhibir una conducta antisocial, o a mostrarse más inquietos e irritables.

Diferencias con la depresión del adulto.

En la depresión en la infancia y la adolescencia predomina más la irritabilidad que la tristeza.

Suelen presentar con mayor frecuencia, quejas somáticas.

Es frecuente la disminución del rendimiento escolar.

Los padres suelen referir cambios en su aspecto externo, los ven con “mala cara”, “tienen ojeras”, “mirada triste”.

Frecuentemente pierden interés en el juego y en relacionarse con sus amigos.

En los adolescentes pueden aparecer cambios de carácter: irritabilidad, se vuelven desobedientes y rebeldes. Presentan cambios de conducta: consumo de alcohol o drogas.

Niño con depresión

Factores que favorecen la depresión en la infancia.

Hay una serie de factores que, aunque no presentan el mismo grado de riesgo en todos los menores, sí pueden ser importantes por suponer un impacto para alguno de ellos. El riesgo de depresión en la infancia aumenta a medida que el ambiente es más negativo y el menor más vulnerable.

La pérdida de un ser querido, como padres, familiares, mascotas,… puede suponer un trauma para vuestro hijo.

Una historia familiar de depresión, ya sea de uno de los padres o en alguno de los familiares directos.

Un entorno familiar desorganizado, en el que exista conflictividad conyugal o estilos educativos estrictos, sobre protectores o permisivos.

La falta de contacto afectivo, favorece que no se expresen emociones o sentimientos por parte del niño.

Unos niveles de exigencia inadecuados, bien porque las expectativas son muy altas a nivel social, académico o familiar, o por la ausencia de las mismas.

Cualquier cambio en la vida del niño, cambios de domicilio, de colegio, la llegada de un nuevo hermano…

La falta de amigos en el colegio o la dificultad del niño para iniciar nuevas relaciones.

Niño llorando

Cómo podéis ayudar a vuestro hijo…

Cuando no encuentra nada positivo en él.

Acentuar sus rasgos positivos.

Elogiadle frecuentemente, pero con sinceridad.

Evitad que haga generalizaciones negativas sobre él, por ejemplo, si dice  “no sé hacer nada” se cambia por “Hay cosas que no sé hacer y para las que puedo necesitar ayuda”.

Cuando se siente culpable.

Enseñadle a diferenciar entre los acontecimientos que puede controlar y los que están fuera de su alcance. No es lo mismo que suspenda un examen por no estudiar, a que uno de sus amigos caiga enfermo. Lo primero está a su alcance y lo segundo, no.

Cuando en casa no hay estabilidad.

Mantener una rutina en los horarios habituales de vuestro hijo. Habladle con antelación de los cambios que vayan a producirse en su entorno: cambios de colegio, de domicilio…

Cuando se porta mal.

Rechazad su conducta de manera tranquila pero firme, siendo consistentes en vuestra respuesta a su conducta inadecuada.

Enseñadle a que exprese sus sentimientos en la forma y el contexto correctos.

Reforzad y prestad atención a las conductas adecuadas de vuestro hijo.

Cuando tiene dificultad para concentrarse.

Fomentad la participación de vuestro hijo en la vida familiar: ir a la compra, echar una mano en casa, cuidar de otros hermanos…

Animadle a relacionarse con sus compañeros y a participar en juegos y actividades.

Cuando habla de la muerte.

Desde que son pequeños, los niños empiezan a pensar y a preguntarse qué es la muerte y qué pasa después. La respuesta a estas preguntas suele ser un momento difícil para los padres.

Es importante que, ante estas cuestiones, os mostréis tranquilos y naturales. Lo más frecuente es que, simplemente, vuestro hijo tenga curiosidad por saber qué es la muerte, sobre todo si habéis perdido a algún ser querido recientemente. En tal caso, podéis aprovechar para darle una explicación sencilla, acorde con su edad y con vuestras creencias morales.

Es normal que este tema os angustie, pero no es alarméis. Es lógico que los niños hablen y se pregunten acerca de la muerte. Sólo si lo hace de un modo reiterado y va acompañado de un estado de ánimo depresivo, sería bueno acudir con vuestro hijo a un especialista.

Depresión en la adolescencia

Conclusión.

La depresión puede manifestarse en niños y adolescentes, ya que, a estas edades, también tienen problemas y se ponen tristes.

Si vuestro hijo comienza a padecer algún síntoma, hablad con tranquilidad de los sentimientos que experimenta, dadle la oportunidad de expresarse y buscad entre todos la solución a los problemas que os plantee.

Si persiste, no os asustéis y acudid a un profesional para que os pueda orientar sobre cómo ayudar a vuestro hijo.

En esta página puedes encontrar recursos para prevenir la depresión.

Información sobre Gerardo Castaño Recuero

Gerardo Castaño Recuero trabaja como psicólogo y psicoterapeuta en "Nuestro Psicólogo en Madrid". Ha estudiado Psicología en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid y también ha cursado dos Máster, uno sobre Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica y otro sobre TFE: Terapia Focalizada en las Emociones.