La alimentación infantil (Segunda Parte)

La anorexia nerviosa y la bulimia son trastornos alimenticios que se extienden como una plaga entre los jóvenes y adolescentes de nuestra sociedad.

En el capítulo anterior vimos la importancia de la comida y repasamos las peculiaridades de la alimentación infantil desde el momento del nacimiento hasta la adolescencia. En cualquier momento del desarrollo infantil, la alimentación puede ser una fuente de conflictos, por eso los padres deben estar atentos, para no incurrir en determinadas actitudes, unas veces autoritarias y otras demasiado complacientes, que pueden perpetuar en el tiempo estos trastornos.

La alimentación en la adolescencia.

Aunque es cierto que la mayoría de los adolescentes de los países desarrollados están bien alimentados, también es cierto que gran parte de ellos experimentan periodos de alimentación excesiva o insuficiente, o desequilibrios nutritivos. Estas alteraciones pueden provocar daños en cualquier edad, pero aún más durante la adolescencia, etapa en la que el cuerpo debe tener suficientes nutrientes para alcanzar su pleno potencial de crecimiento.

Todo lo que tenga relación con el peso afecta al ajuste emocional del adolescente, al desarrollo de su propia identidad, a su autoestima y a sus relaciones sociales. Además, refuerza la tendencia adolescente a experimentar sentimientos negativos acerca de su cuerpo.

Es en la adolescencia cuando aparece la preocupación constante por ser aceptado por los demás, así como una mayor sensibilidad a los mensajes que imperan en la sociedad, como es el de estar delgado. Esto, unido a una baja autoestima y una incapacidad para resolver los problemas de forma adecuada, puede determinar la aparición de ciertos trastornos alimenticios como son la anorexia nerviosa y la bulimia.

Joven con anorexia nerviosa

La anorexia nerviosa.

La anorexia nerviosa es un trastorno de la alimentación que se caracteriza por dejar de comer de forma voluntaria con el único fin de adelgazar. En la mayoría de los casos afecta a mujeres en edades comprendidas entre los doce y los diecinueve años, aunque también se da en adolescentes masculinos, y en adultos.

Hay que dejar claro que la anorexia es un síntoma (es el término médico que define la pérdida de apetito) que aparece en múltiples enfermedades, estados febriles o periodos de estrés de forma temporal. Por el contrario la anorexia nerviosa es una enfermedad grave, que se caracteriza por una pérdida importante de peso, inducida por el enfermo, y que se acompaña de una alteración de la imagen corporal que aparece distorsionada.

Aunque tendemos a creer que la anorexia nerviosa es una enfermedad propia de nuestra civilización y de los tiempos actuales, no es así, pues ya hay descritos casos de anorexia nerviosa en la Grecia clásica, en ceremoniales litúrgicos que implicaban un ayuno extremo.

En la Edad Media el fanatismo religioso dio lugar a expresiones como “la santa anorexia” donde a través del ayuno y la mortificación del cuerpo, los ascetas y los anacoretas buscaban la expiación de los pecados y los bienes espirituales de la otra vida. El santoral católico está lleno de ilustres nombres que perdieron la vida, cambiando la comida por la santidad.

A finales del siglo XVII se empezó a estudiar este cuadro como una enfermedad propiamente dicha y se describieron dos casos que se diagnosticaron de “consunción nerviosa”.

Nueve de cada diez enfermos son mujeres. En cuanto a la prevalencia de la enfermedad, los diferentes autores no se ponen de acuerdo, pero parece ser que la enfermedad va en aumento y ha pasado del 0.3%  de la población, a finales del siglo pasado, a un 1% en la actualidad, es decir una de cada 100 adolescentes desarrollará anorexia nerviosa. En cuanto a la bulimia las cifras son más elevadas, pues se calcula que un 2.5% de personas desarrollará bulimia en algún momento de su vida.

Distorsión de la imagen corporal

Cómo reconocer a una anoréxica adolescente.

  • Pierde demasiado peso.
  • Tiene una preocupación constante por hacer dieta a causa del profundo miedo que siente al aumentar de peso.
  • Usa laxantes y diuréticos en abundancia.
  • Aumenta el ejercicio físico, pudiendo llegar a la hiperactividad.
  • Tiene una imagen distorsionada de su cuerpo, viéndose gorda aunque esté extremadamente delgada.
  • Presenta ausencia de la menstruación.
  • Es perfeccionista y muy exigente consigo misma.
  • Experimenta fuertes sentimientos de soledad, depresión, desamparo, inseguridad y aislamiento social.
  • Presenta cambios de humor frecuentes.
  • Miente respecto a lo que come, diciendo que ha comido más de lo que realmente ha comido, y puede tirar o guardar la comida.

La bulimia.

La bulimia es un trastorno de alimentación que se caracteriza por episodios en los que, de forma recurrente e incontrolada, se consume gran cantidad de alimentos con alto contenido calórico en muy poco tiempo. La constante preocupación por no ganar peso hace que, detrás de esos atracones, se provoquen vómitos, utilicen laxantes y diuréticos y practiquen ejercicio físico de forma excesiva.

Las comilonas se producen en periodos de estrés y van acompañadas de ansiedad, estado de ánimo depresivo y sentimientos de culpa durante y después de los atracones.

Cómo reconocer a una adolescente bulímica.

  • Aparentemente su peso es normal, aunque puede engordar y adelgazar en poco tiempo. Tiene una preocupación excesiva por su imagen corporal.
  • Hace dietas muy restrictivas y hay un incremento en el ejercicio físico que realiza.
  • Se da atracones de comida de forma incontrolada y en secreto.
  • Se provoca vómitos.
  • Consume laxantes y píldoras dietéticas.
  • Presenta estados de ansiedad e inquietud, y sentimientos depresivos.
  • Tiene dificultades para establecer relaciones sociales.
Rechazo de los alimentos

Cómo tratar la anorexia y la bulimia.

Frecuentemente, la anorexia presenta episodios bulímicos. Son enfermedades que necesitan una intervención médica y psicológica. Según el estado del enfermo estará o no indicado el ingreso hospitalario.

El tratamiento debe ir encaminado a:

  • Restablecer las carencias nutricionales y la ingesta normal de alimentos.
  • Normalizar la imagen corporal y corregir las distorsiones que puedan estar relacionadas con la alimentación.
  • Enseñar estrategias que le ayuden a ser capaz de afrontar situaciones de estrés.
  • Mejorar la autoestima y la adaptación social y familiar.

Qué puede hacer la familia en estos casos.

Si vuestro hijo manifiesta el deseo de perder peso, es importante escucharle. Tal vez tenga razón y puede ser beneficioso perder algún kilo, siempre bajo supervisión médica.

Si empezáis a observar el tipo de conductas descrito anteriormente en vuestro hijo, es imprescindible que solicitéis ayuda profesional inmediatamente, ya que el negar en principio que pueda existir un trastorno alimenticio puede empeorar la situación.

Debéis entender que se trata de una enfermedad, y no de una cabezonería para no comer.

Es necesario seguir todas las recomendaciones profesionales, ya que os vais a convertir en una parte fundamental del tratamiento de vuestro hijo.

Es importante plantear temas de conversación que no tengan que ver exclusivamente con la comida ni con el aspecto físico.

Será conveniente que evitéis los comentarios críticos y el control excesivo sobre vuestro hijo.

A modo de resumen sobre la alimentación infantil.

Una alimentación completa, variada y equilibrada es esencial para la salud.

Desde pequeño, tenéis que enseñar a vuestro hijo a saber comer, a comportarse en la mesa de forma adecuada y a disfrutar de los momentos de la comida como espacio para relacionarse con el resto de la familia.

Cuando observéis anomalías en torno a su alimentación es importante acudir a un profesional cualificado.

Fuentes:

Chinchilla, A.; Calvo, R.; Rodríguez, B. y Zamarron, I.; “Anorexia y Bulimia Nerviosas”.
Dowling, C.; “Mujeres Perfectas”.
Raich, R.; “Anorexia y Bulimia: Trastornos alimentarios”.
Saldaña, C,; “Trastornos del comportamiento alimentario”.
Turon, V.;  “Trastornos de la alimentación”.

Información sobre Gerardo Castaño Recuero

Gerardo Castaño Recuero trabaja como psicólogo y psicoterapeuta en "Nuestro Psicólogo en Madrid". Ha estudiado Psicología en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid y también ha cursado dos Máster, uno sobre Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica y otro sobre TFE: Terapia Focalizada en las Emociones.